Fotógrafo de bodas especializado en retrato, fotografía documental y momentos auténticos
Mi nombre es Javier Macía y soy fotógrafo de bodas, y no es casualidad que esté aquí.
He recorrido casi todos los sectores del audiovisual: publicidad, vídeo corporativo, fotografía industrial, producción para televisión, proyectos de marca personal. Años de trabajo en formatos distintos, con clientes distintos, en contextos muy distintos. Y en todo ese recorrido había una constante que me apasionaba: el retrato.
Siempre he creído que el retrato es el espejo del alma. He fotografiado artistas musicales, directivos de empresa, personas en contextos muy variados. Hay algo en capturar el rostro de alguien —en ese instante exacto— que no encuentro en ningún otro tipo de fotografía.
Una boda, para mí, es tener la excusa perfecta para hacer retratos y disfrutar de la fotografía documental o costumbrista, las dos disciplinas más apasionantes, a mi parecer.
de Experiencia en Audiovisual
Bodas por Año
Todavía recuerdo los álbumes de fotos de mi familia. La boda de mis padres. Qué jóvenes eran, antes de que nosotros existiéramos. Los abuelos, los tíos, los primos, los amigos, y tantos familiares que ya no están. Con solo una imagen, de algún modo, te das cuenta de que el tiempo ha pasado y lo que era cotidiano ahora vive en el recuerdo.
Esa experiencia —la de asomarte a una época que no viviste a través de una fotografía— es la que me hace tomar este trabajo como algo más que un encargo. Soy cómplice de la creación de un recuerdo que hoy quizás no valoras en todo lo que vale, pero que dentro de veinte años será uno de tus mayores tesoros.
Lo digo con conocimiento de causa: he visto bodas grabadas en VHS. Yo mismo he grabado comuniones en Super 8, sin sonido, en 8 milímetros de celuloide. Hoy son las mirrorless y el dron. La herramienta cambia, siempre ha cambiado. Lo que no cambia es la necesidad de alguien que entienda y respete lo que está ocurriendo. El fotógrafo trabaja hoy para que vosotros lo disfrutéis mañana.
La herramienta es solo un medio. Ayer era el Super 8, luego el VHS, las MiniDV, hoy las mirrorless y el dron. ¿Qué usaremos mañana? Da igual. Lo que no cambia es la necesidad de respetar y entender el momento.
Antes de cada boda me gusta hablar con vosotros. Una videollamada, una conversación. Quiero saber quiénes sois, cómo os conocisteis, dónde os casáis. Qué familiares son importantes. Qué momentos no pueden faltar. Por eso recomiendo siempre una sesión de preboda: es el momento en que dejamos de ser desconocidos. Saber cómo os movéis, cómo os reís, qué os incomoda delante de una cámara —eso marca la diferencia en las fotos del día.
No soy partidario de la cantidad por la cantidad. Prefiero fotos bien editadas que miles sin criterio. La edición es parte del trabajo, no un extra.
Contratar a un fotógrafo de bodas no es como contratar a un fontanero o a un mecánico. Estás abriendo la puerta de uno de los momentos más íntimos de tu vida. Me estás poniendo junto a tu familia en el instante en que, oficialmente, estáis creando una familia nueva. Con esa consciencia trabajo. Siempre es un honor estar ahí.
Nos encantaría conocer vuestra historia y crear algo hermoso juntos.